Infoxicados

El 14 de marzo de 2012 la Fundéu dijo que «infoxicación es una palabra adecuada en español para referirse a una sobrecarga de información difícil de procesar».
Dan ganas de pensar que esta avalancha de información que se extiende hoy por las laderas de todos los dispositivos de comunicación que nos rodean es un artificio. Que no estamos diseñados para soportarla, y mucho menos para analizarla, organizarla y dotarla de jerarquía. La cantidad de datos que a diario llaman a la puerta de nuestros sentidos se ha multiplicado por decenas o por cientos, y en todo momento estamos recibiendo imágenes, textos, sonidos y otras sensaciones que, podríamos pensar, nuestro cerebro no puede procesar.
Dan ganas de pensar que lo natural era lo que había antes: un libro, una manta, el fuego del hogar, la cercanía de un ser querido. Sin más aportaciones, nuestro medio nos envolvía y nos integrábamos en él. «Nada me perturba», pensábamos, y eso era algo parecido a la felicidad.
Pero estamos diseñados justo para lo contrario. Mientras dormimos nuestro cerebro recibe, procesa, convierte y reemite centenares de datos por segundo. Controla la respiración, la presión arterial, el tono de los esfínteres y una lista enorme de funciones corporales. Organiza la información recibida durante el día y la combina con nuestros recuerdos, nuestros deseos y nuestros miedos, y la archiva o la adapta a nuestras necesidades del día siguiente. Y cuando despertamos, la actividad se multiplica: el tono muscular, los sentidos, los planes del día, los problemas del presente, las penas del pasado, los anhelos del futuro, todo vuelve a ocupar su sitio en una prodigiosa cadena de procesamiento de información que, además, funciona sola, sin que sepamos apenas cómo lo hace.
¿Se infoxica el cerebro? Casi nunca. Si no puede resolver un problema, busca artimañas para deshacerse de él. Lo oculta, lo hunde, lo transforma, lo transfiere. Si hay suerte, pide ayuda. Si no, se cierra en banda.
Todos los que amamos sabemos, además, que esta catarata puede detenerse en el espacio, el tiempo y en las demás dimensiones ante, por ejemplo, una mirada o un gesto. Si nos mira la persona deseada, hasta el corazón se detiene, como saben bien los poetas. El cerebro, eterno clasificador de información, nos hace creer (porque tampoco es verdad del todo) que en ese instante nuestra vida depende de unos ojos que no son los nuestros.

Estamos diseñados para afrontar la infoxicación. Parece una batalla nueva, pero es la misma de siempre y, como especie, la hemos ganado en muchas otras ocasiones. Ahora también.

5 comentarios
  1. Esther
    Esther Dice:

    Suscribo el comentario anterior, porque a mí también me ha encantado esta entrada, sobre todo la parte en la que describes la actividad corporal durante el sueño.
    Precisamente ayer escuché por primera vez el término «infoxicación» en televisión, y me hizo gracia.
    En cualquier caso, enhorabuena por tu entrada. No es por hacer la pelota, pero creo que escribes mejor que muchos de los autores que publican libros actualmente.
    ¡Un abrazo virtual!
    Esther Rodríguez

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