Reseña de la celebración del día internacional del ensayo clínico

El pasado lunes 20 de mayo tuvo lugar en la sede del ministerio de sanidad en Madrid la celebración del día internacional del ensayo clínico. Tuve ocasión de asistir
 y quiero compartirlo con quienes no pudieron estar allí pero les interesa el tema. Si te atraen los aspectos lingüísticos de los ensayos clínicos, lo mejor está en el último párrafo; y si no quieres leer toda la reseña, te resumo aquí los puntos más interesantes:
-Lanzamiento del registro español de ensayos clínicos (REec).
-Anuncio del dictamen único para la aprobación de solicitudes de ensayos clínicos.
-Anuncio del nuevo real decreto sobre ensayos clínicos con medicamentos, que se espera publicar «a la vuelta del verano».
Desde 2005, la ECRIN (red europea de infraestructuras para ensayos clínicos) recomienda conmemorar el día internacional del ensayo clínico en torno al 20 de mayo, que es la fecha de 1747 en la que zarpó el buque Salisbury, llevando a bordo a James Lind y a los 12 marineros que intervinieron en el que se considera como primer ensayo clínico de la historia.
El acto del lunes estuvo bien organizado y resultó útil e interesante (algo que, honestamente, no esperaba). El edificio del ministerio es de 1949 y resulta siniestro (basta con leer un poco para entender por qué). Su salón de actos Ernest Lluch tampoco se libra de la decrepitud. Pero estaba a rebosar y apenas se vació en el transcurso de la mañana (de 9:30 a 14:00). Saludé a muchas  personalidades de laboratorios, hospitales y centros de investigación. Si había algún traductor de ensayos clínicos, no lo vi.
Con puntualidad dio comienzo el acto con la presentación oficial de la jornada a cargo de Belén Crespo Sánchez-Eznarriaga (directora de la agencia española de medicamentos y productos sanitarios, AEMPS), quien dio paso enseguida a una ponencia sobre los hitos del ensayo clínico a cargo de Xavier Carné Cladellas (jefe del servicio de farmacología clínica del hospital Clínic i Provincial de Barcelona). Me llamó la atención el hecho de todas las diapositivas que utilizó este doctor estaban en inglés, dando por supuesto que todos los asistentes tenían un gran dominio de este idioma; las estadísticas desmienten este extremo.
A continuación Javier Arias Díaz, del instituto de salud Carlos III, moderó una mesa redonda sobre los aspectos profesionales de los ensayos clínicos. Todos los participantes (María Antonia Serrano Castro, de la AEMPS; Cristina Avendaño Solé, del CEIC del Hospital Puerta da Hierro de Madrid; Miguel Martín Jiménez, del GEICAM; José Vicente Castell Ripoll, de la REGIC; Carmen Martínez Hidalgo, de la AECIC y Emili Esteve Sala, de Farmaindustria) aportaron puntos de vista muy interesantes.
A este traductor médico le parecieron sobresalientes, por un lado, Cristina Avendaño, por su claridad expositiva, su sabiduría y su desenvoltura; y por otro, el hecho de que se formaran dos «bandos» en la mesa: el constituido en solitario por el representante de Farmaindustria, que se declaró optimista e interpretó algunas estadísticas de forma favorable a su optimismo, afirmando que, entre otros motivos, España es una gran potencia investigadora porque es un país «encantador». Los demás miembros de la mesa mostraron grados variables de pesimismo particular y generalizado, aunque obviaron hacer referencias directas a la terrible actualidad que todos conocemos.
También me pareció digno de mención el hecho de que los participantes, sentados en la primera fila del patio de butacas mientras esperaban su turno, no llevaban i-aparatitos de ningún tipo y tomaban notas a mano, muchos de ellos en el propio programa del acto.
A las 12:00 en punto se inició la intervención de la ministra de sanidad, servicios sociales e igualdad, Ana Mato, 
quien en 15 minutos expuso con mucha claridad los acontecimientos del día (aparte del conmemorado): el lanzamiento del REec, registro español de ensayos clínicos y la implantación del dictamen único para la aprobación de las solicitudes de ensayos clínicos. Como sólo conocía a la ministra por televisión y sus apariciones no han sido muy afortunadas, me fijé en su exquista educación, su simpatía y su lectura espléndida del documento que trajo consigo. Uno puede discrepar muchísimo de las opiniones políticas de las autoridades, pero está en su derecho de exigir que sepan leer en público (y no como el Sr. Rouco Varela, por poner un ejemplo).
A las 12:15 escuchamos a María Dolores Navarro Rubio, de la Universidad Internacional de Cataluña, quien disertó sobre el punto de vista de los pacientes. Una presentación sólida en la que advirtió, entre otras cosas, del peligro de que el consentimiento informado sea sólo un «consentimiento firmado», y de la diferencia entre «sujeto», «paciente» y «enfermo».
Casi para terminar, Bartolomé Beltrán Pons (del consejo asesor de sanidad del ministerio), ginecólogo muy conocido para los que tenemos cierta edad, moderó con gran brillantez una mesa redonda sobre los aspectos sociales de los ensayos clínicos, en la que intervinieron Begoña Barragán García, del GEPAC; César Hernández García, de la AEMPS; Antonio Gil Aguado, presidente del CEIC del hospital La Paz, de Madrid; Francisco Fernández Avilés, cardiólogo del hospital Gregorio Marañón, de Madrid; Ángel Luis Montejo González, psiquiatra de la Universidad de Salamanca; y José Antonio Sacristán del Castillo, de laboratorios Lilly.  
Todas las intervenciones fueron doblemente brillantes: fueron concretas y fueron breves. Begoña Barragán García también destacó por sus brevísimas aportaciones y anunció la publicación de un registro de ensayos sobre cáncer de mama «antes de fin de año». Aunque se habló de temas diversos, hubo unanimidad en la queja por la lentitud en la aprobación de las solicitudes de los ensayos clínicos.  En líneas generales, esta queja podría transcribirse en que «para cuando nos aprueban los ensayos, los demás países llevan varios meses reclutando».
Este traductor médico se llevó la gratísima sorpresa de que prácticamente todas las personas que he mencionado se expresaron con mucha corrección y sin utilizar los calcos, anglicismos y barbarismos a los que por desgracia estamos tan acostumbrados en este tipo de actos sobre nuestra especialidad. Para entendernos: nadie dijo «randomizado» ni screening. El lector avezado entenderá la magnitud de este dato, tan pequeño en apariencia.
Antes del cierre a cargo de la directora de la AEMPS, César Hernández García nos explicó los pormenores del REec (con su simpático uso de las mayúsculas iniciales, «Registro Español de ensayos clínicos»). Tengo que decir que el ponente no transmitió mucha confianza en el proyecto.

Terminado el acto me acerqué a él y le pregunté que quién había velado por el uso del lenguaje en un proyecto de esa magnitud. Me respondió (uso las comillas, pero escribo de memoria): «Er…bueno…nadie…nosotros mismos». «¿No hay ningún lingüista, redactor o traductor especializado en vuestro equipo?», le pregunté. «No, no. Nosotros». Insistí: «¿De dónde han salido los títulos de los ensayos?». «Nos los han facilitado los promotores y no los hemos tocado». Y, por último, «¿quién ha hecho el glosario?» «Uf…bueno…esto…los de informática».
Le di mi tarjeta, por si acaso.
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