It translators

He estado siete meses trabajando tanto que no he podido atender a esta pobre bitácora (dicho sea de paso: ojalá no pueda atenderla en otros muchos meses). En todo ese tiempo me rondó, entre otras, la idea de escribir sobre la burbuja traductoril (sí, sí, el ascenso y caída de los especuladores de la traducción), pero entonces leí sobre Pelayo Díez y su master class de a 1.500 euros por tres mañanas («para entrenar la mirada»), y supe que it translator merecía unas palabras.
 
En inglés, las it girls son las chicas que desprenden atracción absoluta, las que todas quisieran ser. It («eso») puede ser una cualidad de la mente, así como una atracción física (según la definición primigenia de Elinor Glyn). Clara Bow, protagonista de la película It (1927), dijo que no estaba muy segura de qué significaba eso de it, pero que a ella el término le hacía pensar en Lana Turner (¡ains!) y, más adelante, en Marilyn Monroe.
 
Para los chicos la cosa bajó de nivel. Menores de 18 años, en principio, los it boys obtienen el éxito sin esfuerzo y tienden a ser encantadores y dulces, llevan lo último en ropa y peinado, tienen muy buenos contactos, son el centro de atención y se caracterizan por ser sarcásticos o mordaces, en la medida de sus muy escasas posibilidades intelectuales.
 
Al leer esta definición de it boy uno no puede dejar de pensar en varias personas del sistema de estrellas traductoriles patrio. Sí, señoras y señores, ha nacido el it translator: el traductor que todos los noveles quisieran ser, el de los contactos y el tupé, el carismático, el que está hoy aquí y mañana acullá, apareciendo unos segundos en televisión para hablar de páginas web que le gustan, con un rótulo al pie en que se lea «experto en arte» (esto es real, pasó hace solo unos días).
 
El it translator no destaca por su formación ni por su nivel cultural ni por su sabiduría (el currículo del it translator por antonomasia es totalmente falso, ¡y alardea de ello!), sino por una no muy extensa pero sí hábilmente repetida colección de chistes y chascarrillos traductoriles e incluso gramaticales que puede adaptar a cualquiera de los eventos en los que interviene sin que, hasta la fecha, haya aportado nada al acervo de la profesión.
 

Uno hubiera pensado que no era el nuestro un terreno propicio para el florecimiento de los it, pero bienvenidos sean, ¡todos cabemos! Aunque, como ellos saben bien, la venta de humo es efímera por definición. En unos pocos años se habrán enriquecido un poco (con suerte) y habrán encontrado grandes satisfacciones para sus egos, pero la profesión seguirá en manos de quienes a diario se sientan ante el texto extranjero para convertirlo en otro, el mismo, pero en el mejor español posible. Motivo por el que, por cierto, esta entrada de mi bitácora termina aquí. 

5 comentarios
  1. Alfa Segovia
    Alfa Segovia Dice:

    Eliminé el comentario porque había salido duplicado-ahora se borraron los dos- lo intento otra vez.
    Hace años, cuando estudié inglés en el siglo pasado, el "it" denotaba impersonalidad. "It rains" era "llueve". ( En español no decimos "él llueve" -salvo que lo usemos metafóricamente- Estos usos del "it" me dejan -realmente- turulata. Me gustó tu artículo y el enfoque. Saludos desde Uruguay

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