Confesiones de un texto médico a punto de ser traducido del inglés al español

Hola. Soy un texto médico de 12.533 palabras, escrito originalmente en japonés y que trata sobre un interesantísimo (quién sabe si revolucionario) caso clínico de lesión isquémica del putamen (ya empezamos: ¡el putamen es uno de los componentes de los núcleos basales del sistema extrapiramidal!) y su relación con el síndrome de Kernohan. No llevo gráficos, imágenes ni tablas. Me van a traducir al español.
Tengo miedo. Como Ángela, la protagonista de Tesis, la película de Amenábar de 1996*: 

Ya he pasado por esto: primero me tradujeron del japonés al inglés. Fue traumático, en sentido real y en sentido figurado: nadie parece haberse dado cuenta, pero en mi versión en inglés faltan un par de ideas  que estaban en el original en japonés. No eran decisivas, pero yo me siento mutilado. No soy el que era. Además, en la traducción faltan matices importantes, y el traductor ha añadido dos errores graves de su propia cosecha y un localismo totalmente improcedente.
Mi autora, la Dra. Hashio Unlio, fue quien encargó y supervisó aquella primera traducción, pero no quedó muy satisfecha. Por un lado, ella no domina el inglés al nivel necesario. Por otro, en el laboratorio le sugirieron que Guorfast Memokú, un becario muy espabilado del departamento, podía hacer la traducción «como parte de su formación de posgrado». Por desgracia, ya desde el principio hubo muy poco tiempo y muy poco dinero para la traducción.
Ahora me van a traducir al español. Tengo miedo.
Quizá tenga suerte y caiga en manos de un médico que sea buen conocedor del español (sobre todo) y del inglés, que cuente con experiencia en esto de la traducción, que disponga de las herramientas necesarias (TAO, diccionarios, glosarios y recursos de Internet) y que las utilice. Esta opción es la que más garantías me ofrece, porque seguro que este profesional utilizará esas herramientas y, lo más importante, sabrá en todo momento de qué está hablando. Sé que algunos traductores piensan que esto último es superfluo, y no les falta razón en otros contextos. Pero para traducirme a mí hay que saber muy bien de qué estamos hablando. Hay que tener una buena formación sobre neuroanatomía y neurofisiología, que solo es posible adquirir cursando las correspondientes asignaturas de la carrera de medicina.
También me sentiré afortunado si me traduce un licenciado en traducción e interpretación que, como el médico, sea buen conocedor del español (sobre todo) y del inglés, que cuente con experiencia en esto de la traducción, que disponga de las herramientas necesarias (TAO, diccionarios, glosarios y recursos de Internet) y que las utilice, y que se haya especializado en traducción médica, por medio de cursos, másteres o lo que sea. Este traductor tendrá que dedicar muchos días a estudiar los temas que se tratan en mi texto, y se ponga como se ponga nunca podrá garantizar que su traducción sea óptima, precisa y ajustada al original. Pero confiando aun más en mi suerte, quizá este traductor sea un buen profesional y, cuando acabe su trabajo, se lo dará a un médico (traductor o no) para que lo revise. El colmo de la fortuna sería que ese médico fuera el de la opción anterior.
Pero me temo lo peor. Tiemblo ante la posibilidad de que me traduzca, eso sí, por poquísimo dinero, un traductor automático o uno de esos que hoy traducen medicina, mañana derecho y pasado gemología y aerodinamia de las naves espaciales, del inglés o del alemán o del francés al español, al catalán y al esperanto, si ha lugar. Mi futuro, en ese caso, es desolador. Solo me queda desear que, si se opta por cometer este error, al final le pasen mi texto al médico del primer caso, aunque sea solo para certificar mi defunción.
Pero si he de morir como texto, voy a pedir un último deseo: que el traductor que se ocupe de mi traducción esté en activo, que sea de los que aman ponerse ante un texto como el mío con el deseo de convertirlo sin dejar huella. Que no sea de los que se dedican a dirigir cátedras, a dar cursos, ponencias y charlas y a debatir con palabras solemnes sobre cómo deben traducir los demás, aunque ellos no hayan traducido nunca o casi nunca, y que pretenden enseñar una profesión que no ejercen o que ni siquiera han ejercido. ¡Algunos no saben inglés! Por favor, que sea un traductor de a pie.
Ojalá, por último, caiga en manos de un gestor de proyectos sabio y con experiencia, un profesional que sepa por sí mismo que todo lo que he dicho es imprescindible y que busque, para mí, el mejor traductor de la especialidad, desoyendo tantos cantos de sirena de amiguetes y trepas profesionales (que abundan en esta profesión) mediados por el amiguismo. Ojalá el gestor entienda que debe intentar contar con el mejor traductor de la especialidad, y que no puede darle mi traducción a cualquiera por motivos extraprofesionales, como ocurre muchas más veces de las que pensamos.


En fin, que tengo miedo.


*Mil gracias a mi admirado compañero José María Montero, que cortó el fragmento del vídeo.

11 comentarios
  1. David Rodríguez Legaspi
    David Rodríguez Legaspi Dice:

    Hola:

    Intento leer este blog a menudo porque suelo encontrar muchas cosas interesantes. Sin embargo, discrepo con la entrada de hoy y con la "opinión que tiene este texto médico": si el resto de textos compartiesen esta misma opinión, ningún traductor tendría la oportunidad de iniciarse en la profesión, adquirir experiencia, comenzar ese largo camino por el que todos tenemos que pasar para poder convertirnos en "el mejor traductor de la especialidad". Esa es mi opinión.

    Saludos.

    Responder
  2. paratterminar
    paratterminar Dice:

    Pues es muy bienvenida y te la agradezco mucho. Pero me he debido de expresar mal: que yo sepa, todos los traductores tienen la oportunidad de especializarse. Y si no quieren o no pueden, todos tienen la oportunidad de pedir a un especialista que revise su traducción. A ver si ahora lo he dicho mejor. Felices fiestas, David.

    Responder
  3. María Di Genno
    María Di Genno Dice:

    Muy bueno el comentario de David Rodriguez Legaspi. Estoy haciendo un posgrado en traducción, una de las materias es Textos Especializados en Ciencias Médicas en el cuál nos dieron para leer un texto deun médico especializado en traducciones de protocolos clínicos, Mugüerza, en donde decía lo mismo. Así que muy oportuna la aclaración de paratterminar (que creo se trata del mismo autor).

    Responder
  4. Fernando Cuñado
    Fernando Cuñado Dice:

    No puedo estar más de acuerdo contigo ni compadecer más al pobre texto médico. Pero, como ya hay quien sabe argumentar mejor que yo la indispensable necesidad de especialización en lo que a traducción técnica se refiere, os dejo este otro extraordinario artículo que casi está a la altura del tuyo. Le falta tu sentido del humor, pero está muy bien:

    http://www.kevinhendzel.com/translation-is-not-about-words-its-about-what-the-words-are-about/

    Un abrazo,
    Fernando.

    Responder
  5. Ángel errante
    Ángel errante Dice:

    Hola:

    Me ha parecido bastante ameno e interesante el artículo, enhorabuena. Me lo resulta más aún porque me dispongo a cursar un máster de traducción médico-sanitaria y sé japonés; me pregunto si se traducirán textos de este campo directamente del japonés al español o si, por desgracia, se suele pasar por el inglés. ¿Sabes algo al respecto?

    Un saludo.

    Responder
  6. paratterminar
    paratterminar Dice:

    Muchas gracias por tu comentario, Ángel. Por desgracia, no tengo la más mínima idea sobre la traducción del japonés a otras lenguas. Para el texto del blog busqué una combinación que, para mí, fuera suficientemente exótica.

    Saludos

    Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Responder a Fernando Cuñado Cancelar respuesta